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Pequeñas y grandes historias detrás de la trashumancia, con Ricardo Kleine Samson

7 diciembre, 2018

Una tradición ancestral que se repite año a año en el mes de noviembre y diciembre. Cientos de crianceros y puesteros transitan junto a sus ganados decenas de kilómetros hasta el lugar deseado, donde sus animales podrán pastorear durante todo el verano. Por las rutas y caminos, el polvo se levanta a lo lejos. A medida que nos acercamos se observan cientos de chivos, ovejas, y vacas a un paso constante y regular. Parecen conocer perfectamente el camino. Entre el ganado sobresale contrastando la figura del caballo y el criancero junto a si familia y sus perros, seguidores incansables. Una larga y extenuante aventura los espera!

Ricardo Kleine Samson es un reconocido fotógrafo de la región. Hace un tiempo ha publicado su libro Homo Trashumante, declarado de interés legislativo, maravillosa obra que resume más de 280 mil kilómetros recorridos y contiene una selección de entre más de 100 mil fotos, y testimonios y experiencias vividas de los trashumantes de la Zona Norte.

En esta oportunidad comparte con nosotros otro de sus atrapantes relatos en torno a la trashumancia en el Norte Neuquino, una labor que atrae su mirada y su lente logrando retratar fiel y sensiblemente las historias que se generan en torno a ella:

Febo asoma…

Con las primeras horas de luz de este final de primavera, Esteban despierta a María, su compañera y madre de su hijo Pedro. Por la ventana ve llegar a su tío Joaco y están al llegar sus primos Tito y Coco y su cuñado José. Los burros esperan en la pirca (corral de piedra) que hizo su bisabuelo ayudando a su tatarabuelo hace ya tantas cosas. Los caballos están ansiosos.

Esteban prepara el mate mientras María levanta, porque ya estaba despierto, a Pedro y lo viste con sus mejores pilchas ¡Quiere emular a su padre! Este niño con apenas 6 años sabe que va a participar de uno de los eventos más trascendentes de su infancia y que marcará su vida para para toda su vida.

María, Joaco, Tito, Coco y José cargan cada cual su burro con su colchón, su parrilla, sus mantas, abrigos, su agua, una sillita, algunas herraduras y clavos, el lazo. Y llenan su viciera (pequeña bolsa de lana tejida donde guardan sus vicios) con yerba, azúcar, tabaco, fósforos, bombilla, mate y alguna petaquita llena de alegría para matar alguna pena que se le quiera colar. Hace frío.

Cada cual ensilla su caballo. Los ojos de Pedro desbordan de emoción y alegría ¡Y el mundo le queda chico! Mira a su padre, a quien admira, levanta la frente esperando la venia de su madre y entonces sí, mirando a lo lejos, evoca a su abuelo, a su bisabuelo, a su tatarabuelo y a todos sus parientes y enterados que forjaron la cultura que, como bandera, hoy le toca orgullosamente levantar en su peregrina costumbre ancestral de la trashumancia a la veranada, allá, en las altas cumbres de esta hermosa cordillera del viento y de los andes, en las tierras del cóndor y del chacay en este hermoso norte neuquino.

Los corrales desbordan de inquietos animales ansiosos por salir. Unos mil doscientos chivos, otras doscientas ovejas, treinta vacunos y otros doce caballos. Como todas las primaveras, las madres de todos estos han parido hace unos días y están flacos y débiles del duro y seco invierno que les tocó vivir en la estepa neuquina. Los perros ya están toreando.

Esteban cierra el rancho que quedará todo el verano vacío. Mira a su esposa, le guiña el ojo a su hijo a quien además le entrega, como un trofeo, un arreador (rebenque largo) que el mismo trenzó para guiar al piño (rebaño) y, entonces, da la orden de partir.

Desde su invernada en la pampa de Naunauco hasta su veranada en los Cerrillos tienen más de 120 km de recorrido y no tardarán menos de 10 días en llegar, dependiendo del tiempo que les toque en suerte. Dormirán donde puedan y como puedan. Cruzaran puentes y, donde no hay, vadearan desbordantes ríos y arroyos. Comerán chivo, tortas fritas, guiso, embutidos y conservas. Hará mucho frío y algo de calor. Mucho viento o no, no importa. Se cruzarán con otros trashumantes con quienes compartirán sus vidas y sus historias.

Y así, de esta manera, Los Jorquera, Los Torres, Los Fuentes, los Parada, los Aguilera, mi querido amigo Don Hernandez y tantos más volverán a repetir, como el ajo, la costumbre ancestral de la trashumancia que los lleva desde su invernada en la estepa neuquina a su veranada en las altas cumbres de esta cordillera. Y todos los recodos de los caminos a los Cerrillos, a Varvarco, a Manzano Amargo, a Las Ovejas, a La Fragua, a La Matansilla, al Tromen, el Buraleo, a Los Charcos, a La Puntilla, a Ailinco, al Colomichico (las tierras de doña Marcelina) a Epulauquen…todos, absolutamente todos los caminos se volverán a llenar de vida, de alegrías, de coraje, de esfuerzo, de sudor, encuentros y alguna que otra pena rebelde que la petaca sabrá domar, de chivos, ovejas, vacas, burros, caballos y perros pastores, de amigos, de vino y chivito. El norte de esta hermosa cordillera se volverá a llenar de vida.

¡¿Acaso no es para celebrarlo…?!

Hecha esta introducción, con la que espero haberlo ambientado en una de las costumbres más hermosas y antiguas, que aún quedan en este hermoso país y que se da casi con exclusividad en el norte de la provincia de Neuquén y en dos o tres lugares más del mundo como España y Pakistán. La trashumancia, en este caso, es el acto de trasladarse desde un campo en la estepa patagónica donde pasan el invierno (invernada) a otro campo en las altas cumbres de la cordillera (veranada) de manera que, cuando empieza a nevar, vuelven a la invernada y después de la parición del mes de octubre vuelven a las altas cumbres para alimentar a su piño (rebaño) con los pastos que quedan luego de derretida la nieve.

Es una costumbre ancestral que aún se conserva intacta y que vale el esfuerzo de conocer. Algunos recorren muchos kilómetros y llegan a estar un mes trashumando. Su gente, los trashumantes, son las personas más simpáticas y cordiales que he conocido. Se ofenden si uno no se pone a charlar y compartir unos mates con tortas fritas con ellos. Su vida y sus ranchos son tan sencillos que son una maravilla digna de conocer. Por eso, mi querido amigo, si Usted, tentado por la belleza de este norte, ya decidió venir a conocerlo… ¡Quédese donde está!
Venga, sí, a tomarse unos mates con nosotros que le vamos a enseñar toda, absolutamente toda, la maravilla de este increíble norte neuquino.

¿¡Qué está esperando…?!

Gracias Ricardo!

Ricardo A. Kleine Samson
Contador Público Nacional®

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