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Infinita Ruta del Pehuén

17 Febrero, 2014

Camino al oeste por la Ruta Nacional Nº 22, dejando atrás la urbanidad de Neuquén, Cutral Co y Plaza Huincul, hacia la gran Cordillera de los Andes, nos adentramos al paraíso eterno del Pehuén. Justo en el centro geográfico de la Provincia, en la ciudad de Zapala, portal de esta ruta, comienza este andar paradisíaco al corazón del Pehuén.

La bienvenida esta demarcada a la distancia por el cerro Michacheo, por su fisonomía, dicen que fue alguna vez un volcán, y que debajo de su silenciosa presencia hay un tesoro oculto. Los 100 años de Zapala son un tesoro en sí mismo, en el casco urbano se puede visitar el Museo Histórico Municipal, y el Museo Olsacher, que custodia colecciones geológicas, biológicas y paleontológicas de gran importancia

La Oficina de Informes Turísticos de Zapala, denominada “Portal del Pehuén” nos abre paso a los secretos de esta tierra, tan sagrada y misteriosa como su árbol. Allí nos indican el camino hacia el árbol milenario, y nos detenemos en la inmensa rotonda de los Primeros Pobladores, que guarda la leyenda de aquellos que quedaron inmóviles en alguna veranada perdida en el tiempo.

Por la mítica Ruta 40 comienza el recorrido hacia el noroeste, donde al transitarla nos encontramos antes de llegar a la localidad de Las Lajas, con un inmenso cerro que custodia a los visitantes sobre el este, y por su formación, que se asemeja a un rostro que mira hacia el cielo, los habitantes denominan el Monte del Indio.

Al llegar a Las Lajas, se puede visitar el museo municipal que contiene elementos históricos, hallazgos geológicos y réplicas de dinosaurios. La localidad se presta para realizar un alto en el camino, ya que cuenta con un camping municipal con muy buenas comodidades sanitarias y con servicios completos para el visitante.

La travesía hacia el Pehuén continúa por la Ruta Provincial Nº 21 hacia Loncopué, lugar conocido por los míticos Riscos Bayos, que se pueden observar desde la ruta en inmediaciones a la localidad. Sólo hay tres lugares en el mundo donde durante el período Terciario la naturaleza moldeó con figuras extrañas estas “lágrimas volcánicas”, hace millones de años. Los Riscos Bayos son formaciones de antiguas cenizas volcánicas compactadas por las glaciaciones y que el viento se encargó de terminar la obra logrando las magníficas formas.

En Loncopué nos espera un conocido artesano de la región, Geremías Mardones, cuyos trabajos en cuero son un fiel reflejo de la tradición campera de la localidad. En diagonal a su casa vemos con asombro una antigua construcción que se alza, pequeña pero imponente. Se trata de la capilla histórica “Nuestra Señora del Pilar”.

Y es el artesano quien nos indica el camino hacia las latitudes del Pehuén. Luego de contemplar desde el mirador el valle donde está enclavada Loncopué, tomamos la ruta hacia Caviahue – Copahue.

En la región, el árbol crece a través de los años entre rocas basálticas al pié del volcán Copahue. El árbol enmarca formaciones de ensueño, testigo del nacimiento del río Agrio que atraviesa la zona con sus famosos saltos, dueños del constante fluir que decora los paisajes con el sonido de sus aguas en caída.

En temporada estival la naturaleza nos permite acceder a las Termas de Copahue, que permiten el relax para un descanso reparador. Durante el invierno, el Centro de Ski Caviahue abre sus puertas a los turistas que se acercan a disfrutar cada año de la mágica la nieve. Caminar sobre la costanera, disfrutar del lago o recorrer los senderos que se abren entre las araucarias, son algunas de las tantas propuestas del brazo norte de la Ruta del Pehuén.

La Ruta se expande, también, desde la localidad de Las Lajas hacia el oeste, tomando la Ruta Nacional Nº 242 hacia el Paso Internacional Pino Hachado. El camino es montañoso, entre valles y enormes picos, donde el Pehuén es el dueño de todo el territorio.

Durante el viaje, el asombro es cada vez más intenso, ya que el bosque es cada vez más espeso y las características copas de las araucarias se asoman por todos lados. En ese entorno nos indican hacer un descanso para observar un Pehuén muy particular. Caminamos un tramo, alejándonos del asfalto, a través de la tierra húmeda y ahuecada por la excavación de las raíces del bosque, y se asoma, imponente, la copa del Pehuén más alto de la zona, con un tronco interminable de más de 70 metros de altura.

El camino sinuoso, que recorre postales imborrables, nos lleva por la Ruta Provincial Nº 23 hacia Villa Pehuenia. Para circular por este tramo es importante consultar el estado de la ruta previamente, ya que cuenta con 36 kilómetros de ripio en plena cordillera. Al llegar recorremos La Angostura entre los lagos y visitamos el Lago Moquehue, calmo y tranquilo. Sus aguas claras, sin embargo, no dejaron ver su fondo, sino, más bien, como un espejo reflejaba el entorno del paisaje extraordinario. En el horizonte el Volcán Batea Mahuida corona la intensidad del lugar.

Durante el invierno, al pié del Volcán, la comunidad Mapuche Puel es la encargada de administrar el Parque de Nieve, un complejo excelente para la práctica de deportes invernales para toda la familia. En Villa Pehuenia la belleza es interminable, entre calles que se pierden en subidas y bajadas, entre curvas y penínsulas, con el lago atestiguando nuestra presencia, hacemos un alto y tomamos un descanso, antes del atardecer, en el muelle junto a los Pehuenes de la costa.

El horizonte de los Pehuenes se extiende por toda la centro cordillera de la Provincia del Neuquén, desde Villa Pehuenia retomamos la Ruta Nº 23 hacia Aluminé, el último destino que eslabona la Ruta del Pehuén. Por el camino, nos acompaña el río Aluminé, veloz, que desafía a los visitantes a embarcarse para navegarlo y disfrutar de la intensidad del rafting sobre las intensas aguas blancas.

Buscada por los amantes de la pesca, la localidad cordillerana es íntima y acogedora. Hacia el oeste continúa la expansión del reinado del Pehuén. Los Lagos Ruca Choroi y Quillen, además, son dos de los accesos a las puertas del Parque Nacional Lanín. Entre el bosque los dos espejos de agua abarcan una inmensidad paisajística y cultural única, donde las comunidades Mapuche se entrelazan con el árbol sagrado del Neuquén. Su fruto, el piñón, transmite de generación en generación los secretos de la historia, donde gran parte de la eternidad se hace semilla. Los accesos a estos espejos de agua son de ripio y la consulta previa sobre el estado de rutas es muy importante.

El anochecer en Aluminé es mágico, el silencio del bosque y las montañas se entrecorta con el ulular del viento, y sólo la música del río acompaña la velada. ¿Cómo emprender el retorno de un lugar así? Todavía sintiendo el crepitar de los piñones caídos en el bosque y el tacto de los troncos ancestrales, nos anuncian el regreso a casa, al amanecer, por el camino del Rahue.

Por el Rahue nos alejamos, durante la escalada el camino nos brinda una panorámica hacia el oeste. El zigzag de la ruta nos despide poco a poco mirando atrás cada vez que giramos en las innumerables curvas del camino. Desde lo alto se impone el Lanín, y hacia el este por la Ruta Provincial Nº 46 atravesamos el Parque Nacional Laguna Blanca hasta el Portal del Pehuén. Allí, en Zapala, al circundar la gran Rotonda de los Primeros Pobladores se abre una nueva oportunidad, porque la Ruta del Pehuén es infinita, su recorrido permite volver a transitarla una y otra vez.