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Un paseo bajo las nubes de Varvarco

7 diciembre, 2018

Si… sin dudas me enamoré. Adoré cada momento que estuve allí, disfruté cada instante entre sus montañas, arroyos y vertientes y las historias detrás de su gente que ama con toda su alma sus tradiciones así como cada rincón del Norte Neuquino.

Conocía casi toda la provincia de Neuquén, todos los veranos solía venir a andar los paisajes cordilleranos, con la curiosidad de recorrer otros paisajes tomé la decisión de visitar el Norte Neuquino, una decisión más que acertada y altamente recomendable!

Decidí ir bien al norte, donde se encuentra el paisaje más puro y característico de la región. Con esa premisa me dirigí hacia la localidad de Varvarco. La misma se encuentra a 517 km. de la capital neuquina y se llega a la misma a través de las rutas nacionales Nº 22 y 40 hacia el norte y luego la Ruta Provincial Nº 43. Casi todo el trayecto es de asfalto, solo el último tramo es de ripio.

Salí de madrugada con el sol apenas asomando, por lo que pude disfrutar el paisaje y admirar su transformación a medida que iba ascendiendo, pues Varvarco se encuentra casi a 1300 m.s.n.m. Las grandes ciudades daban paso a pequeños parajes y caseríos, así pasaban varios kilómetros sin observar presencia humana; una virtud que pocos territorios proveen. Esta condición me replanteaba lo acostumbrados que estamos al asedio y las conglomeraciones, que no nos damos cuenta a quién tenemos al lado cuando caminamos por el centro de una ciudad.

En el camino cruzamos varios arreos de chivitos, una tradición centenaria que por estas épocas (diciembre) se dirigen hacia lugares de pastoreo denominados veranadas, donde pasan precisamente el verano para regresar luego a sus lugares de origen.

Arribamos a Varvarco y nos alojamos en la Hostería Varvarco. Cuenta con una panorámica privilegiada donde se puede apreciar la confluencia de los ríos Neuquén y Varvarco: un contraste extraordinario entre dos cursos de agua de colores totalmente diferentes que se unen y forman uno nuevo, una postal tradicional de la localidad. Luego de acomodar el equipaje y descansar unos instantes nos dispusimos a almorzar una deliciosa cazuela y arrancamos a recorrer.

El primer lugar elegido por recomendación de la gente del lugar, las termas del Domuyo. Así entonces con mucho entusiasmo continuamos ascendiendo por la ruta provincial 43 al norte… Sí si ascender efectivamente, pues nos dirigimos al Domuyo, el techo de la Patagonia! En el camino nos encontramos con el Cajón de Curi Leuvú y con una extraña formación rocosa conocida como Los Bolillos: el viento y el agua moldearon caprichosamente formas muy llamativas! No sé cuanto tiempo llevó este proceso deben ser millones de años. Un fenómeno increíble!

Hicimos una parada para conocer Los Tachos, estamos a más de 2.300 m.s.n.m. Este lugar es fascinantes son géisers y fumarolas que emanan  agua en estado casi de ebullición, llegando a los 92 º C . Los chorros de agua pueden alcanzar de cuatro a seis metros de altura. Allí se desarrollan algas y pequeños moluscos ante tan adversa temperatura!

Llegamos finalmente al A.N.P.P. Sistema Domuyo, donde se encuentra el arroyo de aguas termales Aguas Calientes. Un arroyo natural con aguas termales provenientes del Domuyo, se forman como unos piletones que permiten tomar un baño relajante. Es importante tener en cuenta que la temperatura es un poco alta por lo que la inmersión no debe ser de mucho tiempo!

El cerro Domuyo con sus 4700 m.s.n.m., a lo lejos se ve imponente, domina por completo la escena, y sí, sin duda alguna es la cumbre más alta de la Patagonia.

Al regreso ya totalmente relajados, conversamos con un criancero que estaba arriando sus chivitos, y nos decía que este año había buena pastura para sus animales, y que probablemente regresaría a ver su familia a mediados de marzo. En ese momento me quedé helada, y pensaba todo lo que ese hombre se perdía en su ausencia… Un sacrificio que no sé si yo estaría dispuesta a realizar.

Al atardecer regresaremos a la hostería para descansar luego de una deliciosa cena donde nos deleitamos con unas pastas caseras.

Al día siguiente, la sugerencia de la gente de la hostería era visitar el sitio de arte rupestre Colo Michi Có, localizado a 10 km. de la localidad. Sin saber mucho con lo que nos íbamos a encontrar, pues la palabra petroglifo, ya me sonaba extraña de por sí. Gracias a la presencia de un guía que nos acompañó un buen trecho a pie, llegamos al área arqueológica protegida que contiene más de 600 piedras con gravados prehispánicos. Este yacimiento es el más importante de Sudamérica.

Los gravados se conservan increíblemente bien considerando que tiene cientos de años! alcanzamos a observar algunas figuras como un avestruz.

Luego de recorrer la zona, regresamos y sin dudar mucho nos fuimos hasta Manzano Amargo; localizado a 24 km de Varvarco hacia el noroeste. Su nombre refiere a un viejo manzano silvestre de 110 años que producía manzanas muy chiquitas y amargas. Nos comentaron sus pobladores que este árbol prácticamente vio crecer a la localidad. Allí quedamos anodadados con la cascada la Fragua: un salto de agua de 40 metros aproximadamente. Sus alrededores están cubiertos por un pequeño bosque de ñires y llao llao donde a través de una caminata pudimos contemplar el paisaje de la zona. Una belleza!

Luego de retornar del circuito hasta Varvarco para descansar, emprendimos nuestro regreso a casa con un montón de recuerdos y anécdotas para contar, y muchas fotos para mostrar los paisajes del Norte Neuquino porque la sola descripción no vasta!

Gracias Silvina!