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Isidro Belver, un misionero de la historia neuquina

22 febrero, 2021

Si uno contemplase el extenso cielo azulado, el silbido cantado del viento, el movimiento continuo de las aguas límpidas de un río, o los matices de colores de las montañas, se daría cuenta que el tiempo no está perdido en el norte neuquino. Y menos aún, si uno piensa que allí nació gran parte de historia reciente del Neuquén.

Isidro Belver Rubira es un hombre que sabe apreciar ese tiempo y busca más allá de ese paisaje.

Lleva consigo un largo peregrinar por pueblos y parajes, y sabe de las inclemencias internas de lo humano y de las bondades que le ha dado Dios, marcadas en los surcos de su piel.

Y el arar el camino de la vida lo llevó a abrazar y rescatar la historia y la cultura de esa región, que hoy brotan con fuerza por los valles fértiles enriqueciendo la identidad neuquina.

En una extensa entrevista, este hombre de 75 años que supo ser sacerdote y acompañar al obispo De Nevares, nos cuenta quien es, donde nació, su amor por las costumbres, los acontecimientos y la gente.

Además, este investigador nos deja varias anécdotas que pasan a ser parte de una página misma del inventario histórico.

Hace poco, sus trabajos, junto a la de su colega Héctor Alegría fueron declaradas de Interés Cultural y Turística por los Ministerios de las Culturas y Turismo de la Provincia.

En primera persona

¿Quién es Isidro Belver?

Isidro Belver Rubira, el segundo es el apellido de mi madre. Soy español de nacimiento, me trajeron a los cinco años desde Almería al sur de España, por la mala situación después de la guerra.

Mi padre ya había venido antes y nos pudo enviar los pasajes en barco para que pudiéramos viajar al país, a la “Argentina soñada”. Como decía mi abuelo “donde los perros se atan con longaniza” (se ríe), para indicar que era una tierra llena de futuro.

La llegada al país, fue directamente a Cutral Có, en el año 52. Era un asentamiento de los que trabajaban en YPF, que era la suerte que todo el mundo buscaba la de tener trabajo.

Con la familia estudié en Cutral Có, y luego seguí mis estudios en Fortín Mercedes ( Provoncia de Buenos Aires) internado en el Colegio de los Salesianos con la vocación de sacerdote, donde pasé casi diez años.

Allí terminé el básico y después volví a Cutral Có, e hice el cuarto año de magisterio en Zapala. Y en el quinto año me recibí de maestro en otra localidad de la provincia de Buenos Aires.

Con eso me volví a Cutral Có y gracias a una charla con el obispo De Nevares decidí seguir en el seminario. Estuve dos años en filosofía en el seminario de La Plata y tres años de teología en el seminario de Córdoba, hasta que De Nevares me ordenó sacerdote en 1971.

Ahí me dediqué a estar en el obispado, acompañándolo. Y luego salí hacia el ámbito rural: Piedra del Águila, El Malleo, Junín de los Andes y Las Lajas. Y finalmente el obispo me destinó a Andacollo como sacerdote misionero de todo el norte, ya que los salesianos no tenían gente y estaban solamente en la parroquia de Chos Malal.

– ¿Como se interesó sobre la historia y la cultura?

Ahí estuve diez años muy ricos y fecundos, y fue la base para ir enamorándome cada vez mas de este norte neuquino.

Y ahí conocí su cultura, la historia de sus dichos y sus formas. Eso no podía quedar en el olvido, y desde que llegué, comencé a escribir. Mis primeros escritos son de 1972, año en el que siendo sacerdote pude ejercer en la secundaria como maestro suplente.

Con los primeros chicos de quinto año comenzamos a estudiar lo que llamamos toponimia del departamento Minas, es decir, buscar nombres, origen, significado y todos los detalles que pueda haber.

Pasaron los años y no le encontraba sentido a lo que estaba haciendo y decidí dejar el sacerdocio, pero no irme de la zona. Así que me quedé en Andacollo y luego me vine a Huinganco a trabajar en la forestación con el intendente Rogelio Figueroa, y distintos proyectos.

Fue así que conocí a mi compañera, Yolanda Esther Fuentes con la cual tenemos dos hijos. Estamos juntos desde el año 1981 compartiendo las experiencias de la vida.

Después de dejar de ser cura me dediqué a la docencia en Huinganco y Andacollo. En Carri Lil cerca de Aluminé estuvimos un año, y también como maestro organizador de la escuela de Charra Ruca, la primera forestal y de jornada completa.

De este paso por las escuelas, más que enseñar, fui aprendiendo y dándole formas a los escritos en los tiempos libres.

Posteriormente dejé la docencia y fui convocado para ocupar el cargo de presidente del Consejo Provincial de Educación en donde estuve un año, con una experiencia hermosa de trabajo.

Y después volví a mi tierra de Huinganco, y seguí con todo sin abandonar el trabajo con la comunidad. Me dediqué a la parte forestal, productiva, de piscicultura y de fabricación de dulces.

Mi preocupación como maestro siempre fue el por qué en Neuquén no se tenía manuales, libros y escritos que relataran la historia. Estaban los libros de Gregorio Álvarez en cinco tomos grandes, pero que solo alcanzaron para una primera edición en las escuelas. Esos fueron desapareciendo por el uso y la perdida.

Al alumno, no llegaba la historia de Neuquén. En las escuelas por las que pasé, sobre todo en los cuarto grados, trabajé con muchas copias e impresos que hacía en mimeógrafos (es un instrumento utilizado para hacer copias de papel escrito). Era un poco como el periodista en el aula, y usaba los medios que tenía a mano.

Y de ahí surgió el de ir guardando escritos a máquina con las famosas Olivetti 22 o 32. Y así fui armando un pequeño arsenal de escritos sobre historia, geografía, toponimia e investigaciones. Material que luego les entregaba a los chicos y docentes.

De ellos, se pudo sacar un libro que en una época publicó el Banco Provincia del Neuquén con varias copias que se repartieron en las escuelas del departamento Minas, en especial. Fue el primer y único intento de publicar mis escritos hasta la actualidad.

Fui descubriendo a través de los libros de Álvarez y otros autores- sobre todo de la colección de Carlos Raone, Fortines del Desierto – , que Neuquén tenía una historia olvidada -a veces despreciada-, que había que hacer conocer. Así fue que empecé.

El principio. ¿Toponimia en la clase de francés?

Esto tiene un principio con los chicos de la primera promoción de la escuela secundaria de Andacollo. Eran chicos de la zona, en una escuela donde no había elementos, libros ni profesora.

Lo curioso era que en aquella época había dos idiomas, el inglés y el francés, y de este no había nadie que lo dictase. Y la directora me propuso dar clase. Le dije que no, cómo iba a dar francés, y me responde que si no, perderíamos las horas. Y bueno, y agarré francés.

Yo algo conocía del idioma, daba los primeros saludos en esa lengua y después me ponía a hablar de toponimia neuquina. Le encantó la idea, entonces una hora a la semana de la materia nos pusimos a averiguar los nombres conocidos por ellos y sus significados. Tan lindo fue esto que le fuimos sumando cuentos y leyendas. A estos escritos los llamé Malal Meulén, que quiere decir “la querencia del viento por la cordillera”.

Después, a través de una amiga conseguimos que la fundación del Banco Provincia del Neuquén hiciera copias para repartir en las escuelas.

Luego nos abocamos a la toponimia y al turismo, y llegamos a la conclusión que acá había maravillas desconocidas. Estas ya habían sido descriptas antiguamente, como el Volcán Domuyo o las Termas, pero que habían quedado en el olvido porque nadie más se preocupó en seguir el trabajo del doctor Álvarez.

Además, el doctor Gorgni un gran amigo, me metió de lleno en el trabajo de los petroglifos, las piedras grabadas de Colomichicó. Él enviaba a tomar fotos y hacía su trabajo de recopilación.

Fue uno de los primeros trabajos que se hicieron de Colomichicó, y después vino la Universidad y Cultura de provincia. Los primeros trabajos fueron de él y de otros que ayudaron en el tema.

Y no me quiero olvidar de la gastronomía. El ñaco como comida típica, histórico alimento de los primeros exploradores y crianceros.

Ese fue mi primer libro que lo gané en un concurso provincial como premio estimulo.

¿Por qué es importante poner en valor la historia del norte neuquino?

Primero de todo porque es una historia riquísima, superior a la historia conocida y difundida del Neuquén, y porque en esta parte comenzó el Neuquén mismo. Desde el nombre con los primeros exploradores, lo cual en 1752 un misionero escribió en su diario por primera vez en la historia la palabra Neuquén.

O sea que fue como el bautismo de Neuquén y desde ahí empezaron todos los historiadores.

Es riquísimo, tanto de la parte misionera que fue la primera que describió a la sociedad Pehuenche antigua como de exploraciones espectaculares. Una de ellas fue el viaje de Luis de la Cruz en 1806, para unir a caballo una expedición organizada desde Chile para llegar a Buenos Aires usando el Paso Pichachén. Según ellos, era el punto más corto para unir el Pacífico con el Atlántico.

Eso a uno lo lleva de satisfacción, que la historia paso por acá. Y conocer el Pichachén y la ruta que siguió y tener el diario a mano de este hombre me producía una sensación de orgullo que dije: ¡esto se tiene que conocer..!

Con los Pincheira pasó exactamente igual. Y así un montón de hechos; por ejemplo, conocer quién fue la primera autoridad civil del Neuquén acá en la zona, sobre la destrucción del Fortín Guañacos o el martirio de tener a esos soldados olvidados.

Entonces era una mezcla de satisfacción por encontrar datos que hasta el momento no había y la pena de que estos se olvidaran. Ahí comenzó mi investigación y mi cariño por la historia por el norte neuquino y a difundirla, por supuesto.

Sobre el hecho de la última batalla por la independencia de América en las Lagunas de Epulauquen ¿requiere de mayor investigación?

Si, es fundamental porque si no quedará como una leyenda. Hay que agregarle la firmeza de la parte histórica y en eso está trabajando el intendente de Las Ovejas, quien fue el encargado de la publicación del libro sobre los Pincheira. Él ha tenido contacto con el escritor Pacho O´Donell.

En el lugar estaban los Pincheira que tenían sus casas, galpones, depósitos y la batalla misma. Incluso los cuerpos enterrados ahí en las vegas de las Lagunas merecen una investigación. En eso creo que todos estamos en lo mismo.

Sobre el trabajo con Alegría

– ¿Como recibió que su obra junto a la de Alegría hayan sido declaradas de Interés Cultural y Turística Provincial?

Tuve la suerte de encontrarme en el norte neuquino con mucha gente que me apoyó y me dio información. Pero con Héctor Alegría el contacto fue mucho mayor porque él tenía su especialidad de locutor, folclorólogo, tenía una revista, y tubo la grandeza de sumarme como coautor en varios de sus libros sobre la cueca, la canción, los bailes, la gastronomía, y de historias, cuentos y poesías.

Héctor fue fundamental para mí. Creo que no era valorado hasta ahora, que con el nombramiento que hicieron los ministerios de las culturas y turismo vino a darle un apoyo grandísimo.

Siempre digo que el merecedor de todo esto es Alegría. No porque fuera más o menos que uno, sino porque él estaba mucho más olvidado que yo. No tenía esa trascendencia que uno podía tener con amistades o en las redes sociales, y por eso me encantó que le reconocieran su trabajo.

¿Qué espera a futuro?

Toda esta movida que uno ha hecho junto a artesanos, pintores, cantores, – y en esto cabe decir también el reconocimiento a las cantoras del norte -, puedan estar en las escuelas. Porque no podemos decir que en la Patagonia no hay nada y que vengan cantores de afuera a cantarle a Neuquén, cuando nosotros tenemos esta gran riqueza.

Quizás es mucho lo que uno espera. Y bueno, como decía el cura Brochero: “hay que hacer como los bueyes, que cuando uno se encuentra con obstáculos primero hay que largar la hacienda grande, los bueyes adelante y atrás las vacas y los caballos; y por último que vengan las chivitas, los corderitos y las personas”.  

O sea, tenemos que ir sacando lo más grueso y después vendrán otras acciones, lo que quede pendiente. No solo en el norte neuquino sino en el sur también, que tiene una historia extraordinaria.

Nosotros estamos promoviendo las dos cosas en el norte: turismo y cultura.

Me parece que es una maravilla que se hallan juntado estas dos instituciones (Cultura y Turismo). Creo que trabajando juntos como lo están haciendo, van a tener un gran apoyo nuestro, de la población del norte neuquino.

¿Qué le produce el norte?

La satisfacción de vida, el hecho de haber encontrado mi lugar con mi compañera y con mis hijos en Huinganco, pero más que todo en la zona.

Para conocer más sobre la obra de Isidro Belver, se puede visitar el sitio: Neuteca – Biblioteca Patrimonial Alto del Neuquén