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La naturaleza viva de Villa Traful en el arte de Jorge Virasoro

5 Diciembre, 2013

Villa Traful, rodeado de bosques nativos de coihues y montañas, coronado con el inmenso Lago, hacen de esta aldea de montaña de la Provincia del Neuquén un lugar soñado.

Los visitantes que llegan a Villa Traful siempre guardan un recuerdo hermoso, postales imborrables de la naturaleza intacta del lugar, y también, para no olvidarlo jamás, vuelven a casa con algún recuerdo en sus manos.

Las artesanías nunca pierden la huella de su lugar de origen, de la marca del artesano que talla con paciencia su arte, e imprime para siempre un pedacito de su entorno. Jorge Virasoro, un reconocido artesano de la localidad cordillerana nos abre las puertas de su taller y nos cuenta sus vivencias desde que llegó, conoció, y finalmente se enamoró de Villa Traful.

Nos cuenta Jorge “La primera vez que vine a Traful tenía tan solo 30 días de vida, mi abuelo era amante de la pesca con mosca y construyó aquí una de las primeras casas cuando se fundó la Villa. Desde entonces mi vida estuvo siempre ligada a Traful.”

Y es en aquellos tiempos cuando encuentra la génesis de su vocación “Mi primer taller fue la vieja carpintería de mi abuelo, que en los días de mal tiempo abandonaba la pesca y se dedicaba a su otra pasión, la carpintería. Esa es una presencia importante para mí, tanto que todavía me acompañan esas primeras herramientas”.

Las piezas de Jorge Virasoro llevaron a Villa Traful a innumerables rincones del mundo, y su arte se hizo más conocido aún cuando en el año 2012 un cuchillo trabajado con sus manos obtuvo un reconocimiento a la excelencia por la UNESCO. Además, junto a su hijo que también es artesano, recibieron recientemente el tercer Premio Adquisición del Concurso Nacional de Artesanías del Fondo Nacional de las Artes por una yerbera.

Sobre su hijo, con el que comparte gran parte de su trabajo, nos cuenta “más que una presencia es una compañía, mi hijo Jorge trabaja conmigo desde el principio y compartimos este oficio”, y comparte esta maravillosa postal de su trabajo, de Traful y de su taller “Con Jorge hicimos un puente sobre una vertiente que corre casi todo el año, y sobre él armamos el taller. Adentro hay mucha madera, herramientas y decenas de “máquinas” que inventamos para hacer trabajos, pero sobre todo muchísimo aserrín…”

Tan importante para Jorge es el encanto y la fuerza de Villa Traful que en su naturaleza redescubrió su amor al arte “La primera pieza que recuerdo que hice fue una virgen talada en quebracho colorado que hice para mi abuela cuando tenía 12 años. Luego la vida me distrajo, y el redescubrimiento fue en Villa Traful, en el invierno de 1995. Estaba frente a la chimenea con casi un metro de nieve en la puerta de casa, y me puse a tallar una cuchara con un pedazo de leña, y con el descubrimiento del Radal en la leña hice una lista de 80 personas queridas y le hice un regalo a cada uno usando un serrucho de ebanista, un martillito y un minitorno”

Frente al lago, observando el reflejo del cielo en las profundas aguas del Traful bajo la sombra del atardecer en el bosque, o simplemente, apoyado sobre la corteza de un viejo árbol, en este rincón de la cordillera el tiempo parece detenerse. Jorge sabe y conoce muy bien sobre esa sensación, y su trabajo tiene que ver con ello…, “no mido el tiempo, cada pieza es mucho más de lo que parece, hay mucho tiempo de espera para transformar al árbol caído en madera. Cuando empiezo a pensar en una pieza dentro del taller hay mucho trabajo y mucho tiempo de espera, de paciencia hacia la madera”.

El arte de armonizar los tiempos de la naturaleza y los del hombre se hace presente en el taller de Jorge, y en ocasiones sus ideas cambian de rumbo de acuerdo a lo que la madera dispone. Al preguntarle si sus obras terminan siendo lo que alguna vez pensó, Jorge nos dice “cuando trabajo lo hago sobre una idea general de lo que quiero, no hay dibujos ni planos, y la pieza terminada siempre coincide con esta idea principal, pero… en el proceso de construcción la madera misma va modificando el diseño, los colores, las combinaciones. Todo tiene que ver, todo influye”.

Y en ese diálogo entre sus manos y la madera, para encontrar la estética adecuada suele haber importantes reproches, pero como bien resume Jorge entre risas “Ya no discuto más, siempre gana ella”.

Villa Traful está encantada, un lugar paradisíaco que reúne tranquilidad y armonía. Si durante este verano andás por ahí tus recuerdos serán imborrables, tu aventura inolvidable, tus fotos para siempre, y las artesanías de Traful eternas. “La gente se lleva en sus manos una pieza única, cuidada, pensada y hecha con pasión”.

Gracias Jorge!!