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El paraíso del Norte Neuquino: Huinganco

28 noviembre, 2018

Recuerdo bien cuando me dijeron: “El Norte Neuquino tiene un encanto especial, el día que lo conozcas te vas a enamorar”. Y así fue… sus pequeños valles irrigados por vertientes que bajan de la Cordillera del Viento, extensas montañas y cerros, sus pobladores de mirada cálida y noble colmaron mi corazón…

Durante noviembre y diciembre, la primavera ya dice presente en el paisaje, pintando de amarillo los arbustos y verde intenso los valles, de fondo los cerros y montañas pintados de blanco en sus cumbres; es sin duda la mejor época para recorrerla.

Con esa expectativa decidimos conocer la región, tomando como lugar de estadía es esta oportunidad, la localidad de Huinganco. Un lugar cautivante colmado de un paisaje maravilloso. Escapando un poco de la rutina y del agobio de la ciudad, encontramos allí la tranquilidad y la paz que necesitábamos hace tiempo, el aroma de la tierra húmeda, el bosque de pinos, el contraste de la montaña con un cielo azul profundo, me cautivaron hasta lo más profundo de mi alma. Aún lo recuerdo y tengo la sensación de sentirlos nuevamente.

Se llega a Huinganco luego de transitar cerca de 470 km. desde la capital neuquina tomando las rutas nacionales Nº 22 y 40 hacia el norte y la Ruta Provincial Nº 43. Casi todo el trayecto es de asfalto, solo un pequeño tramo de unos 8 km. es de ripio. Un aroma fresco proveniente de un extenso bosque de pinos, coloridas alamedas y frutales nos reciben, recordándonos por qué esta localidad es conocida como el “jardín de la Provincia”. El cultivo de pinos es vasto y su origen está vinculado al desarrollo forestal a cargo del vivero provincial que allí funciona.

Nos tocaron unos días maravillosos, una temperatura cálida, un cielo de azul intenso con la presencia de algunas nubes de extrañas formas que muy pocas veces he visto en mi vida, llamadas lenticulares, indagando con pobladores supimos que se originan por los vientos verticales que se producen en esta época del año a elevadas altura, un verdadero espectáculo artístico de la naturaleza!

Si bien la localidad cuenta con variada oferta de alojamiento, decidimos hospedarnos en la Hostería Huinganco. De arquitectura moderna, la hostería se encuentra ubicada en un lugar privilegiado en medio del bosque con una vista espectacular del pueblo. Una vez acomodado el equipaje en la habitación, cargamos una mochila con mucha ansiedad, y nos dispusimos a conocer -motivados por la curiosidad- un poco el origen de tan bello entorno.

La gente de la hostería amablemente nos sugirió recorrer en primer lugar el Vivero Forestal donde pudimos ver como es el proceso de cultivo del pino. Por recomendaciones de los viveristas, nos acercamos al Museo del Árbol y la Madera, donde se exponen troncos petrificados, variedad de maderas de la región y unas rodajas de cipreses de más de 1200 años de antigüedad! Allí nos dijeron que podía ver cipreses de estas características en el Área Protegida Cañada Molina.

Y por supuesto hasta allí nos fuimos! dejamos el auto cerca del camino y a través de una senda comenzamos a subir hasta que llegamos a una zona alta donde comenzaron a apreciarse estos magníficos especímenes!, los cuales se consideran los más antiguos de América Latina!Tomando un poco de aire y descansando otro tanto, iniciamos el descenso con mucho cuidado. La vista desde allí era espectacular! Una vez que descendimos continuamos por la Ruta Provincial Nº 39 hasta el paraje Charra Ruca, un pequeño rincón paradisíaco, a orillas del río Neuquén, donde pudimos disfrutar de un paisaje maravilloso y al mismo tiempo conocer la historia del lugar y llevarse artesanías típicas de la zona.

Gracias a una recomendación llegamos hasta la piscifactoría que se encuentra a orillas del arroyo El Manzano a 6 km de Huinganco, donde se realiza la producción y cría de ejemplares de truchas Arco Iris. Con mucho cariño su dueño Don Villanueva nos preparó una deliciosa trucha al roquefort con papas rústicas. El entorno del lugar era increíble, el agua circula casi entre los pies mientras uno almuerza, bajo la sombra de los árboles con el sonido del arroyo y las aves del lugar; un sueño!

Al atardecer volviendo hacia la hostería pasamos por una fábrica de dulces, donde por supuesto compré algunos de frutas rojas y cereza para llevar de regreso a casa! Les juro que son una delicia! regresamos a la hostería paseando un poco por el pueblo; los lupinos o también conocidos como chochos se lucen con todo su esplendor! Las rosas y retamas hacen lo suyo también. Un verdadero espectáculo a la vista, un crisol de colores de todas las gamas.

Al otro día, luego de un contundente desayuno en el restaurante “El Pirquinero” de la Hostería nos dirigimos a través de la ruta del bosque de pinos que rodea la localidad hasta el ingreso , continuado a  pie llegamos a la laguna Huinganco. Luego continuamos una caminata ascendiendo hacia el cerro Corona, sin llegar a la cumbre, pues el cansancio se hacía sentir, pudimos apreciar un paisaje increíble. De regreso llegamos hasta el mirador San Pedro donde se puede disfrutar de una panorámica maravillosa de Huinganco y su entorno cordillerano.

Desde allí se puede observar tanto el volcán Tromen como el Domuyo. Al atardecer visitamos Andacollo por la Ruta Provincial Nº 39, a solo 6 km. El camino nos brinda una vista panorámica maravillosa del valle que se forma a orillas del mítico río Neuquén. Ya emprendiendo nuestro regreso por la ruta a la localidad de Andacollo. A mitad del trayecto nos encontramos con el mítico Bar El Minero, una antigua construcción que funcionaba como parada obligada para los trabajadores de antiguas minas de hace más de 40 años. Un lugar donde se respiran cientos de historias y anécdotas de una de las actividades económicas más tradicionales de la Zona Norte.

Regresamos al día siguiente a casa con las miradas colmadas de paisajes maravillosos, ríos arroyos que bajan de la magnífica Cordillera del Viento irrigando los valles y el bosque de pinos que caracteriza a esta bella localidad, conocida como el Jardín de la Provincia. Un paraíso encontrado en el Norte Neuquino.

Gracias Mariana!